ELLOS VIENE CON EL CHIP INCORPORADO
La necesidad de repensar la tecnología.
lo tecnológico como señala "Aronowitz" (1998), no se puede distinguir tan fácilmente de lo humano, ya que lo tenemos dentro (tecnologías médicas, vacunas, medicinas,
alimentos elaborados), cerca (televisores, teléfonos) o fuera (satélites).
A veces lo habitamos (oficinas con temperatura controlada, salas de cómputo) y otras
nos habita (lógicas de procesamiento informático, válvulas, marca pasos). A veces
Parecen ser un apéndice, una prótesis (relojes, gafas), mientras otras veces
Somos los humanos los que parecemos un apéndice (en una fábrica de producción en serie). Diferentes tipos de tecnologías nos afectan de modo diverso, la generación del «chip incorporado», por ejemplo, lleva la tecnología dentro, en los modos de percibir, de organizar y procesar la información, la habita en computadores personales, como en salas de cómputo y cafés Internet, a veces es la fuente de una interacción, otras, es un nodo, una interface en relación con otras personas y con otras tecnologías, Somos conscientes, además, de que estamos tratando de comprender la transformación de la cultura al tiempo que la reflexionamos: vulnerabilidad, potencialidad y fragilidad de nuestro discurso.
Las preguntas por quiénes somos, o en quiénes nos estamos convirtiendo en este mundo tecnológico, qué implica relacionarnos con el mundo a través de artefactos, cómo se modifican nuestras experiencias, nuestra identidad, o cuáles son las consecuencias de los cambios en el espacio, el tiempo, la velocidad, son, entre otras, cuestiones que nos atañen. Cuando reflexionamos sobre la tecnología no tardamos en advertir que en las ideas básicas con las que intentamos entenderla, aparece siempre una referencia a lo que nosotros somos, de manera que cualquier pensamiento sobre la tecnología es deudor de otro pensamiento sobre nosotros mismos.
En el contexto de una filosofía de la tecnología, se cree que si la tecnología no es más que ciencia aplicada, lo que se debe hacer es analizar el proceso científico, siendo éste la clave para entenderla. Adicionalmente, la idea dominante del desarrollo del conocimiento científico como un proceso progresivo y acumulativo, articulado a través de teorías cada vez más amplias y precisas que van subsumiendo y sustituyendo la ciencia del pasado, ha alejado a la ciencia de la tecnología, bajo el supuesto de que la ciencia tiene un valor neutral, otro tanto se puede afirmar de los artefactos resultantes de su aplicación: más bien el uso es el que plantearía problemas éticos, políticos y sociales. Si bien hoy día estas tradiciones son objeto de discusión académica, consideramos de vital importancia tener un conocimiento de cómo se han pensado las tecnologías, cómo ciertas preguntas permanecen, ciertas dudas aún nos habitan, y sobre todo, tratar de retomar y confrontar estas reflexiones con el conocimiento y la tecnología hoy disponibles. Desafortunadamente la reflexión filosófica sistemática sobre la tecnología es bastante escasa en Latinoamérica y en nuestro país, signo, en buena cuenta, de nuestra posición subordinada frente a las tendencias eurocéntricas y
norteamericanas. han marcado tendencias de reflexión sobre las tecnologías: el determinismo tecnológico, (en el marco de los movimientos ecologistas que surgieron en esta época), y el constructivismo social, considerada la perspectiva propia de la postmodernidad, cuna de lo que hoy conocemos como el movimiento de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS).
la afirmación de que la tecnología moderna impondría una forma de racionalidad imperiosa, la racionalidad económica o racionalidad instrumental y que esta imposición sería desastrosa. En resumen, la propuesta de Habermas consistiría, como lo ha señalado Modesto Berciano (1995), en
Considerar la técnica dentro del trabajo y éste dentro de la interacción social, todo ello como proyecto del género humano o como realización del mismo.
A partir de los años ochenta y noventa, han surgido dos nuevas aproximaciones al estudio del conocimiento científico: la reflexividad y la simetría. La orientación reflexiva parte del análisis del discurso científico, mediante el examen de los textos científicos y otras prácticas de representación (gráficos, diagramas, fotografías, programas de ordenador), e intenta desvelar los mecanismos retóricos a los que recurren sus autores para transformar sus intereses en conocimiento, (esta tendencia se ha ido convirtiendo en de constructivista y relativista), En el caso colombiano, el Movimiento Pedagógico se opuso a tales políticas desde una perspectiva que reivindica la labor del maestro como intelectual de la cultura.
Pero el problema, advierten Rueda y Quintana, no sólo consiste en que ese proceso de incorporación carezca de reflexión –si no filosófica, al menos desde la pedagogía–, sino también en que nuestro afán modernizador, las presiones sociales de que es objeto la institución escolar y la visión “excesivamente instrumental” de las políticas de incorporación de las tecnologías informáticas, ha impedido ver un poco más allá y asumirlas como una posibilidad de reorientar las prácticas escolares; que los docentes y los estudiantes reconozcan y comprendan sus maneras de construir conocimiento, de expresarse y de relacionarse con los otros, tanto con los que vienen con el chip incorporado, como con aquellos que apenas comienzan a familiarizarse con estas expresiones de la tecnología. Las tecnologías de la información y la comunicación con una propuesta de uso y producción de carácter hipertextual . Además de explicar en qué consisten las potencialidades de las tecnologías 298 NÓMADAS (interactividad, conectividad e hipertextualidad) y los tan mentados, pero a veces no muy bien diseñados, ambientes educativos, en este capítulo los autores formulan una propuesta didáctica de creación de hipertextos que recoge la experiencia de validación de los modelos de producción de hipertextos dirigidos a docentes y estudiantes (HHPG y PEH) desarrollados durante la investigación referida. No es una propuesta que nazca sólo de esmeradas lecturas sobre el tema, sino también de afrontar con otros las posibilidades, los retos, pero también las limitantes que propone un entorno tecnológico. Es una invitación a trabajar en colectivo (en una época caracterizada por soledades tecnologizadas), a “esbozar un camino” que permita a estudiantes y docentes apropiar los saberes de distintas disciplinas y, desde luego, producir saber pedagógico no sólo para la escuela, sino para otros espacios de nuestra sociedad. En suma, el libro toma distancia de los diagnósticos clásicos y de las guías técnicas de uso e implementación (frecuentes en la literatura sobre el tema) para formular preguntas de orden filosófico y político en torno a la tecnología. Al mismo tiempo deja en claro que se trata de una discusión reciente que debe tener lugar en nuestro país, más aún si el propósito que nos ocupa es transformar la educación. En este sentido resulta un acierto incluir una propuesta de trabajo para profesores y estudiantes (que bien puede desarrollar todo aquel que quiera mitigar su “sonambulismo tecnológico” y explorar en colectivo otras posibilidades de creación y de producción de conocimiento), pues son ellos los que mejor pueden dar cuenta de qué es lo que necesita la escuela y qué retos viejos y nuevos debe afrontar como agente educativo. Hay que decir, sin embargo, que en algunos temas mencionados el libro se queda corto. Por ejemplo, en reseñar otros autores, otras preocupaciones en torno a la tecnología que han sido formuladas en América Latina, así como el aporte de los estudios sobre actitudes a la discusión central que desarrollan los autores. De igual manera, no estaría de más analizar algunas propuestas surgidas de la escuela en cuanto a uso e implementación de las tecnologías informáticas. Esto habría entregado un panorama más completo acerca de la cultura informática escolar. Por último, tiene razón aquella maestra en que son los y las estudiantes los que vienen con el chip incorporado, pero conviene que al hacer su lectura le demos un nuevo título al libro, para comenzar a superar nuestros temores hacia la tecnología, para que ésta deje de ser otro motivo de exclusión y estereotipos, y, desde luego, para no continuar “anónimos y ajenos frente al destino de nuestras sociedades.


